Buitres, sierra de Guara (Huesca)

Este artículo ha sido leído 536 veces

DSC00191Las fotografías que os presento en esta entrada han estado realizadas en Santa Cilia de Panzano, provincia de Huesca. Por un módico precio de 10€ por persona, Manu, del Fondo Amigos del Buitre, nos llevó hasta  “La Pedriza”. Un área de alimentación específica ubicada en la zona de especial protección del Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara; clasificada como zona ZEPA (Zona de Especial Protección para Aves). Este comedero facilita la alimentación de las especies necrófagas con determinados subproductos animales, no destinados/aptos para el consumo humano.

Esta área es importante en la dispersión de la población juvenil del quebrantahuesos (que no pudimos ver por culpa de la lluvia y del mal tiempo). Además en verano cuenta con parejas de alimoches, águilas reales, buitres negros y el más habitual de todos, el buitre leonado.
Manu pasó a buscarnos por el camping cañones de Guara y Formiga, para después ir en caravana hasta el pequeño pueblo de Santa Cilia de Panzano y recoger al resto del grupo que allí aguardaba.
Lo normal es dejar los coches en el primer aparcamiento que hay fuera del pueblo para después ir andando hasta “La Pedriza” (unos 800 metros), pero como llovía, y había posibilidad de que empeorase, nos dejaron subir los coches hasta el siguiente “aparcamiento”, cerca del lugar.
Mientras estábamos yendo en coche hacia Santa Cilia de Panzano el cielo estaba totalmente despejado de aves. A medida que íbamos subiendo con los coches por la ruta, hasta el aparcamiento, fue llenándose de buitres leonados surcando nuestras cabezas. Sabían que estaba llegando Manu con la comida.

No photos available right now.

Please verify your settings, clear your RSS cache on the Slickr Flickr Admin page and check your Flickr feed

El sendero hasta llegar a “La Pedriza” es una camino de tierra labrado por los amigos del Fondo Amigos del Buitre, para que los “turistas”, como nosotros, no tengamos problemas para acceder al comedero.

 

Unos pocos metros antes de llegar nos hacen dejar todas las mochilas y paraguas en el suelo, y poner los teléfonos móviles en silencio o apagarlos.
Estas aves carroñeras, de apariencia amenazadora, son muy asustadizas (supongo que con el paso de los años han aprendido a desconfiar de los humanos, como la mayoría de especies). Si ven algo que no les gusta, les pueda asustar, un simple gesto fuera de lugar (alzar un brazo, por ejemplo) o un sonido que no les sea familiar, salen despavoridas en vuelo y no regresan. Por lo que Manu ya nos avisa antes de llegar de todos los pormenores. El más importante es NO hablar. Estas aves llevan 40 años viendo y escuchando a Manu, por lo que cualquier otro tono de voz, les hace huir.

Una vez en el lugar, con todo el grupo sentado y en silencio, Manu vuelca la carne que transporta en una carretilla manual. Los buitres empiezan a descender, y a arrimarse, a toda prisa sobre la comida para hacerla desaparecer en cuestión de un par de minutos, si llega… Los 100 kilogramos de carme no son suficientes para unos 160 buitres leonados que estaban esperando.

Manu se sienta en el suelo, con nosotros a escasos 6 metros de él y los buitres, y comienza a cascar huevos y dárselos de su propia a mano a los buitres. Mientras les habla y los tranquiliza. Cualquier ruido, o gesto brusco, hará que los buitres se marchen.

Después de una media hora, más o menos (todo depende también del tiempo que haga. A peor climatología, menos tiempo), que se nos hizo muy corta, nos levantamos y, uno a uno, fuimos en silencio recorriendo el sendero en sentido inverso hasta llegar al lugar donde habíamos dejado las mochilas y paraguas. Allí, Manu, nos explicaba todas las trabas que el Fondo Amigos del Buitre tiene, así como un poco de historia sobre la misma; proyectos actuales y pendientes. Así mismo se prestó a una ronda de preguntas sobre los buitres. Mientras, estábamos haciendo tiempo para ver si aparecía el quebrantahuesos. Aunque Manu ya nos avisó que, debido al mal tiempo (mucha lluvía), lo más probable es que no hiciera acto de presencia. Y así fue, nos marchamos con las ganas de haber visto al quebrantahuesos.
Después nos invitaron a visitar el centro de interpretación Casa de los Buitres, que esta asociación tiene en el pueblo de Santa Cilia de Panzano.

La experiencia merece y, mucho, la pena. Lo más probable es que repitamos. Y esperemos que con mejor tiempo.

El buitre leonado es un ave planeadora más que voladora, pues apenas mueve las alas en el aire, permaneciendo cernido en las altas corrientes durante las horas de más calor del día. Prefiere levantarse sobre corrientes ascendentes que se corresponden con fenómenos aerológicos como la convectividad térmica, ascendencia dinámica o termodinámica, la convergencia de brisas, la restitución, la onda de montaña o las cuñas de aire frío de carácter meteorológico que levantan grandes masas de aire caliente, pasando horas volando entre alturas de 1.800 a 3.500 metros sobre el nivel del mar, aunque en días excepcionales puedan llegar a los 6.000 metros sobre el nivel del mar y recorriendo desde 50 kilómetros a 300 kilómetros dependiendo de la potencialidad convectiva del día, a la búsqueda de animales muertos (especialmente grandes mamíferos) de los que alimentarse. Cuando planea, suele manterner las alas un poco por encima de la horizontalidad y los planos de sustentación algo arqueados.

Como siempre, fotografías realizadas con una Sony A900 con un 70-200G SSM y la compacta Sony RX100 I.

El buitre era un ave consagrada a Marte y a Juno, tal vez por razón del mal que hacen estas divinidades a los hombres. Al tiempo de Rómulo su vuelo era consultado en los auspicios y su aparición era de buen agüero. Los poetas han hecho de él un símbolo de la codicia, de la avaricia y de la crueldad.
Los egipcios miraban con mucho respeto este pájaro y lo tenían como un símbolo de Nest. Según ellos, el buitre servía también para indicar la vista, el conocimiento de lo venidero, el año, el cielo, etc. Denotaba también la maternidad porque ellos creían que no había sino buitres hembras y que se reproducían por un modo particular. Indicaba la vista porque pensaban que era entre todos los animales el que la tiene más perspicaz.
Los judíos los consideraban uno de los animales impuros ya que Jehová les prohibió comerlos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR